Cada mujer en Kikibá es más que una productora: es una guardiana de la tradición, una sembradora de esperanza y una líder que impulsa el cambio desde su comunidad. A través de su trabajo diario, inspiran con su fuerza, transforman con su ejemplo y alimentan no solo con huevos agroecológicos, sino con valores que nutren el alma: amor, compromiso y solidaridad.
En sus manos se entrelazan el conocimiento ancestral, la sabiduría maya, la resiliencia femenina y una profunda conexión con la tierra. Lo que producen no es solo alimento, es el reflejo de una historia colectiva que demuestra que el cambio social también se puede construir desde un gallinero, una cocina, una reunión entre vecinas.
Las mujeres de Kikibá son mujeres mayas de Quintana Roo y Yucatán, muchas de ellas jefas de familia, que han decidido transformar su realidad a través de la producción agroecológica. Han encontrado en este proyecto una forma de generar ingresos dignos, fortalecer su autonomía y proteger sus tradiciones. Más del 80% de los proyectos están liderados por ellas, quienes no solo producen, sino que también se capacitan, toman decisiones clave y fortalecen sus comunidades a través del trabajo colectivo.
Desde sus comunidades, estas mujeres manejan gallinas libres de jaula aplicando técnicas tradicionales heredadas de sus abuelas, combinadas con métodos modernos que garantizan bienestar animal y calidad. Alimentan a sus aves con maíz, hojas y hierbas naturales, sin hormonas ni químicos. Además, aplican prácticas de sanidad avícola que incluyen tanto recetas etnoveterinarias como esquemas de vacunación. Su creatividad va más allá del huevo: muchas transforman su producción en postres, panes y tamales que también nutren a sus comunidades y generan valor agregado.
En Kikibá, las mujeres no solo trabajan juntas, también se cuidan. Como dice Lidia, una de nuestras productoras: “Si alguien del grupo tiene un problema, ella lo comparte, y nosotras como grupo, como mujeres, podemos apoyarla, tanto moral como económicamente.” Este espíritu solidario se refleja en cada reunión, cada consejo compartido y cada actividad organizada. Forman grupos de ahorro comunitario, se acompañan en momentos difíciles y celebran juntas los logros. En Kikibá, la sororidad es tan importante como la producción: es el corazón que hace posible que cada mujer crezca con las demás.